Una vez más, el jueves 11 de febrero de 2021, se sube el telón frente a la mirada de una España rota, enferma y cansada. Cataluña es el escenario elegido esta vez. Las elecciones autonómicas catalanas que, después de una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, se celebrarán el 14 de febrero, bajo un manto de polémicas e incertidumbre, configuran uno de los mayores quebraderos de cabeza de los medios y ciudadanos españoles. Ante esto, el debate, transmitido en La Sexta, debía ser un escaparate donde los compradores y curiosos contemplasen y comprendieran las acciones y palabras de los protagonistas, los candidatos a la presidencia de la Generalitat. Sin embargo, sin sorpresa para mí, se acabó pareciendo más a un plató de televisión barata que a un debate político. Allí, había tertulianos gritones, enrabietados con un ente malvado y, por supuesto enemigo, llamado "Estado Español", despistados y estudiosos. Ante esta jauría, la gran periodista Ana Pastor figuraba como mediadora que, por desgracia, volvía a sentir esa frustración compartida por todas tras las pantallas.
Después de los ya casi tradicionales desvíos de preguntas, donde parecía que todos los atriles contaban con sofisticados procesos de insonorización, comenzaron los "bloques" de temáticas. Estos, ,una vez más, se convirtieron en campos de batalla donde se hablaba de todo menos de eso que se suponía que había que aclarar. Como ya nos tienen acostumbrados, cada candidato parecía estar en un canal diferente. Un ejemplo es el candidato de Ciudadanos, Carlos Carrizosa, al que no pude ver ni escuchar durante mucho tiempo, se encontraba perdido mientras rechazaba cualquier encuesta. Por otro lado, Jéssica Albich, de En Comú Podem, tenía su discurso bien organizado, explicando y exponiendo sus políticas como si de un mitin propio se tratase sin entrar en la discusión o el debate. Esto le venia motivado ya que, como el mismo exministro Illa comentó al inicio, "iban todos contra ´él", y no estaba equivocado. En cuánto a él, pude ver enfrentamientos con la mayoría de los candidatos, sin hablar de su misteriosa negativa a la realización de una prueba PCR anterior al debate. Parece que la estrategia socialista de mandar a un líder fuerte y, mediáticamente aupado, ha tenido un aterrizaje demasiado forzoso. Habrá que ver hasta qué punto le es positivo o negativo al actual partido dirigente del gobierno.
Todo el programa estuvo envuelto en un halo de misterio. No se sabía que harían algunos partidos con los pactos, las votaciones... solo algunos valientes o inconscientes pudieron decir con la boca ancha que nunca pactarían con Illa, incluso algunos quisieron plasmarlo en un papel y firmarlo, pensando antes en mantener esta confusa y tarada actualidad política con vida mientras miles de personas, sean españolas o no, mueren a diario sin la mano de sus seres queridos, millones de sanitarios trabajan en turnos tiples y gran cantidad de enfermos no COVID se quedan sin tratamientos ni visitas médicas.
Este debate fue una razón más para ver a los supuestos líderes del pueblo, del interés general, lanzarse los trastos a la cabeza, a penas sin explicar programa o simplemente basándolo en la erradicación de la represión, como hicieron ERC, Junts o CUP. En el otro bando, los del 155 como se expuso en varias ocasiones, no estaban más calmados, si no que se convirtió en una lucha por los votos conservadores entre el candidato de Vox, Ignacio Garriga, y el de Partido Popular, Alejandro Fernández; mientras que Salvador Illa (PSC) continuaba con su "reencuentro y era nueva", si es que él sabía lo que significaba.
Cuando, por fin, los representantes comenzaron a escuchar a Ana Pastor, era tiempo del minuto de oro. Para mi sorpresa, esos minutos fueron exactos, incluso algún candidato lo hizo en menos tiempo. En este caso, todos los minutos se parecieron: esperanza, luchar contra el estado español/los independentistas, tener la llave de gobierno... Algo destacable fue el momento de historieta del candidato del PP donde, de forma muy emotiva, nos expuso su gran carácter para llegar a Presidente de la Generalitat. Además, la candidata del PDCAT, la derecha independentista, hizo su minuto en catalán diferenciándose de los demás representantes.
Estos son algunos de los highlights del espectáculo que el jueves nos proporcionó una vez más la primera línea de nuestra política, esta vez, con el añadido de los nacionalismos y en una esfera global de crisis, tanto sanitaria como económica; aunque eso poco importó en el discurso de los candidatos. A mi juicio, pues esto es mera opinión, necesitamos una regeneración y la alianza común, no en contra de un ideal, si no en contra de las verdaderas injusticias de este país, sin razón de sexo, edad, identidad o lugar de pertenencia. Sin embargo, este texto solo será un nuevo canto al viento, que chocará, irremediablemente, contra las paredes de la Generalitat, igual que lo hace en las de la Moncloa o en las del Congreso. Aún así, salgan, voten, ejerzan sus derechos y sobre todo, no se mueran de esperanzas.
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