ARTÍCULO INTERPRETATIVO: La defensa de la libertad de expresión incendia las principales capitales del país
“Rapear no es delito”, “Libertad de expresión, díselo a gritos” así comenzaba en 2018 la canción Los Borbones son unos ladrones grabada por multitud de artistas como forma de apoyo y defensa hacia los raperos Valtònyc y Pablo Hasel, ambos acusados de injurias a la corona y enaltecimiento del terrorismo.
El día 16 de febrero España se despertó a gritos de “Estado fascista” y “No nos callarán” al puro estilo republicano y su pancarta “No pasarán”. Pablo Hasel, rapero sentenciado a 9 meses de prisión por el contenido de sus canciones, era detenido por los Mossos d’Esquadra en el interior de la Universidad de Lleida después de no haber ingresado de manera voluntaria en la prisión de Ponent. Esta fue la gota que colmó un gran vaso lleno de discursos de indultos, de condena y de fuego.
Unidas Podemos, tuiteaba pocos minutos después de la detención: “Todos aquellos que presumen de esta “plena normalidad democrática” y se consideran progresistas, deberían sentir vergüenza”. Ciudadanos contestaba: “La anomalía democrática es que un partido dentro del Gobierno de España se dedique a proferir sistemáticamente ataques como este a nuestro Estado de Derecho”. Sin embargo, este debate no solo existe entorno al encarcelamiento de Hasel, sino que la Ley de Portección de la Seguridad Ciudadana y la modificación del Código Penal de 2015, fue la primera cerilla.
Amnistía Internacional publicaba como la libertad de expresión en España había sufrido “un grave retroceso” desde la aprobación de la Ley Mordaza debido a que “no respeta los estándares internacionales de derechos humanos”. En cuanto a la modificación del artículo 568 del Código Penal, el cual “prohibe el enaltecimiento del terrorismo”; la organización recalcaba como este delito tiene una redacción ambigüa, sobre todo en cuanto a las expresiones artísticas. Finalmente, la organización creaba en febrero de este año una campaña en contra de la sentencia contra Pablo Hasel.
Ante esto, miles de personas salieron a las calles de las principales ciudades de España con el motivo de la defensa de la libertad de expresión y apoyo a Pablo Hasel. Lo que empezó como manifestaciones pacíficas, metamorfosearon en una vorágine de barricadas, hogueras y trincheras: los encapuchados y los antidisturbios. Tras una semana que dejó los comercios y calzadas de Barcelona y Madrid aún peor que las restricciones, las revueltas se costearon con casi 90 detenidos, un centenar de heridos, de los cuales un tercio son policías y una mujer que perdía un ojo.
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