COLUMNA: Teletrabajando contra el reloj
El tiempo siempre fue un bien escaso. Mi padre solía decirme: “a mí lo único que me sobra es el dinero y lo que más me falta es el tiempo”. Durante años, esa fue mi religión. Sin embargo, con la llegada del confinamiento, las horas se me hacían pesadas y buscaba mil cosas en las que gastar unos minutos que antes nos faltaban y ahora sobraban. No poder salir de casa nos convirtió en seres funcionales las 24 horas del día.
El teletrabajo fue uno de los mayores descubrimientos en el confinamiento, después de las recetas de pan y el gimnasio virtual. Tanto fue así que el 34% de las personas ocupadas en España estaban teletrabajando en el pasado año 2020. Con un nivel tan alto de afectados sería normal pensar que la legislación fue rápida y audaz en el momento de adaptarse a la nueva situación. Por desgracia, una vez más, los trabajadores han tenido que “nadar solos en océanos desconocidos”.
Prueba de esta incertidumbre es la falta de horarios, los teletrabajadores cuentan con todos los minutos del día para estar conectados a sus nuevos compañeros: el smartphone, el portátil, etc. Ante esta “esclavitud digital”, los principales sindicatos exigen la garantía del derecho a la desconexión digital para igualar a los teletrabajadores con los presenciales que, al terminar su jornada, pueden ir a casa a descansar. Este derecho, a pesar de estar recogido por el Reglamento General de Protección de Datos, parece no estar cumpliéndose. Según datos de la consultora tecnológica Capgemini (2020), los profesionales se sentían más cansados y un 56% creía que era a causa de la conexión permanente.
Por desgracia, la falta de este derecho no solo tiene como consecuencia un cansancio físico, sino que pone en grave peligro la salud mental de los empleados. Ejemplo de ello es el descubrimiento de nuevas patologías psicológicas como la tecnofobia, la tecnofatiga, o la tecnoadicción. Por ende, es de vital importancia crear un deber a la desconexión digital donde se implique a los empleadores con el objetivo de crear mecanismos efectivos de descanso. Solo de ese modo, dejaremos de teletrabajar sin reloj.
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